Manuel Manzo, el futbolista que luchó contra sus demonios

Manuel Manzo, destacado jugador y considerado uno de los más completos en México, compartió para los Desencajados de Caliente TV sus anécdotas y su lucha personal con el alcoholismo.

La carrera de Manuel Manzo estuvo marcada por su talento innato para el fútbol, pero también por sus luchas personales contra el alcoholismo y la indisciplina. Desde temprana edad, el alcohol se convirtió en una sombra que lo acompañaría durante más de una década de su vida profesional. Aunque debutó a los 17 años con el Club León, su relación con la bebida comenzó a progresar lentamente, hasta convertirse en una adicción que amenazaba con consumirlo por completo.

Uno de los momentos más oscuros de su vida ocurrió en Houston, cuando un accidente lo sacudió hasta lo más profundo de su ser. Después de un convivio con amigos y una noche de excesos, Manzo se sumergió en una piscina y fue incapaz de salir a la superficie. Durante cuatro minutos, estuvo atrapado bajo el agua, enfrentando la posibilidad de perder la vida. Fue un momento de claridad, un despertar repentino que lo llevó a reconocer la necesidad de cambiar su rumbo.

«Vi pasar toda mi vida», recuerda Manzo. «Cuando me sacaron de la alberca, fue el momento de parar». A partir de ese momento, inició una batalla interna contra el alcoholismo, una lucha que lo acompañaría durante años pero que eventualmente lo llevaría a encontrar la redención y la esperanza.

Su carrera en el fútbol se dividió en dos etapas: una marcada por el alcoholismo y otra por la sobriedad. En sus años de excesos, la disciplina y el compromiso con el entrenamiento eran escasos, y su presencia en los campos de juego se veía empañada por su conducta errática y su falta de compromiso. Sin embargo, a pesar de los desafíos personales que enfrentaba, Manzo seguía siendo un jugador talentoso y respetado dentro y fuera del campo.

Con el apoyo de personas como Don Melquiades, la voz del estadio Azteca, quien lo llevó a los Alcohólicos Anónimos, Manzo inició un viaje de autoconocimiento y recuperación. Reconociendo las carencias de su infancia y los traumas que lo persiguieron durante años, encontró en el fútbol una válvula de escape y una pasión que lo mantuvo vivo en los momentos más oscuros.

«Había entrenadores que me decían que no importaba lo que hiciera fuera del campo mientras yo ganara el partido», recuerda Manzo. «Anteriormente, la cultura del fútbol no ayudaba mucho a los problemas individuales que tenía el jugador». Pero a medida que su compromiso con la sobriedad crecía, también lo hacía su determinación por recuperar el control de su vida y su carrera deportiva.

Manuel Manzo no solo luchó contra el alcoholismo, sino que también enfrentó las consecuencias de la fama y el reconocimiento público. Se sintió solo y desconectado, buscando en el alcohol un refugio temporal de sus miedos y ansiedades. Sin embargo, con el tiempo, aprendió a aceptar su pasado y a mirar hacia el futuro con esperanza y optimismo.

«Te sientes solo, vas comprando amistades para no sentirte solo», reflexiona Manzo. «Pero lo que te gusta no es tanto el alcohol, sino el afecto». A través del apoyo de sus seres queridos y su propia determinación logró encontrar la fuerza para dejar atrás sus demonios como él suele llamarlo y abrazar una nueva vida llena de sobriedad y redención.

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